top of page
GA LOGO (2).png
WhatsApp Image 2026-09-15 at 10.39.20 (1).jpeg

Una historia con más de 30 años

La historia de Garaje Analógico comenzó hace más de 30 años, cuando Steve Téllez era apenas un niño y los carros llegaron a su vida para quedarse. Hijo de Jesús Téllez, un hombre que encontró en la compra y venta de vehículos una forma de hacer negocios, Steve creció entre carros que entraban y salían de su casa, viajes a puertos, vitrinas llenas de historias y una fascinación que con los años se convirtió en oficio, en pasión y forma de vida.
El sábado era el sueño.

Mi papá llegaba con los carros, seis, ocho, diez, los que hubiera traído esa semana de Bucaramanga, y los parqueaba en Álamos, al lado de la 26. Eso era todo el negocio: los carros parqueados y la gente caminando entre ellos, mirando. No había redes. Si usted quería comprar un carro en Bogotá, iba hasta Álamos un sábado.

Yo tenía seis años y me sabía los modelos y los precios. No estoy diciendo que yo fuera un comerciante experimentado. Pero podía decir: “Sí, señor, vale un millón”. Podía intentar hacer una transacción, o por lo menos soñar con querer hacerla.

 

Éramos cinco hijos y yo era el quinto. Mi familia no era pudiente y los juguetes no eran juguetes: era jugar en la calle. Pero a la casa llegaban cosas extrañas. Un Alfa Romeo. Un Fiat 128 convertible al que le decían “siete mujeres”. Cuando tenía nueve o diez años, ya en la casa había once carros parqueados.

Eran los carros de juguete a gran escala.

Yo manejo desde los once años y fue por eso: porque la oportunidad de mover el carro era ayudar a lavarlo.

En la casa el teléfono era fijo y el anuncio del periódico traía ese número. Mi papá casi nunca estaba, así que contestaba el que estuviera. Muchas veces era yo. Él dejaba un cuaderno con la información de cada carro, organizada por secciones, y yo lo abría y decía:

​

“Sí, señor, es un Mazda 626L, vale tanto. ¿Cuándo lo puede ver?”.
Es exactamente lo mismo que hago hoy, pero el CRM era un cuaderno.

Mi papá veía los carros como una transacción. Yo, por el contrario, iba creciendo y me apasionaba por ese mundo. Esa es toda la diferencia, y es la que explica lo que vino después.

No teníamos plata. No teníamos carros. Con tres carros abrimos la vitrina.

A finales del 99 el país estaba quebrado y mi familia también. Mi papá tenía una propiedad en la 116 con Córdoba que había sido vitrina de carros y se la acababan de desocupar. Me dice:

​

“Oiga, pero tenemos ese espacio. El negocio lo conocemos. Nos cuesta tenerlo cerrado. Abramos”.
WhatsApp Image 2026-09-15 at 10.38_edited.jpg

Yo tenía dieciocho años y esa vitrina era mi salsa. Mi papá no me pagaba, pero yo igual trabajaba todo el tiempo. Organizaba la vitrina todos los sábados y la cambiaba de posición.
 

Yo era el que hacía los mandados: cada vez que había un carro para vender, me tocaba llevarlo al mecánico del comprador para el peritaje. Se vendían quince carros al mes, a veces veinte. Cada vez que iba, aprendía algo nuevo.

Me volví muy bueno mirando carros. Tanto, que llegó un momento donde mi papá, mi maestro, no compraba un carro si yo no lo aprobaba.

Mi papá llegaba con los carros, seis, ocho, diez, los que hubiera traído esa semana de Bucaramanga, y los parqueaba en Álamos, al lado de la 26. Eso era todo el negocio: los carros parqueados y la gente caminando entre ellos, mirando. No había redes. Si usted quería comprar un carro en Bogotá, iba hasta Álamos un sábado.

Esa es la parte que no se compra ni se estudia. Son años de llevarle el carro al mecánico ajeno y quedarse oyendo.

Después vinieron los años en Estados Unidos, con una sola condición conmigo mismo: si me voy, me voy a trabajar en carros; si no, no me interesa. Toyota, ventas, dirección de ventas, la parte financiera. En el 2012 volví del todo.

En mi historia, siempre hay carros que la marcan.

En el 2002 compré con mi papá un BMW E30. Yo tenía veintidós años y era imposible que lo mantuviera. Se lo vendimos al presidente de American Airlines en Colombia y yo me quedé pensando que no volvería a tener un carro de esos jamás.

​

Pasaron once años buscándolo. El 18 de julio del 2013, el día de mi cumpleaños, apareció publicado el carro que había sido mío.

Le dije al señor: “Ese carro fue mío”. No me creyó. Mi hermana Liliana sacó un crédito y me prestó la plata. Cuando el tipo me pasó la carpeta, se resbaló una tarjeta de propiedad vieja y ¡tenía mi nombre!

Ese día yo no estaba muy bien. Y ese carro llegó de regalo de cumpleaños.

WhatsApp Image 2026-09-15 at 09.47.01.jpeg
Captura de pantalla 2026-09-28 a las 11.15.58 a. m..png

Mi papá trabajó conmigo hasta el último día de su vida. Era mi papá, mi socio y mi amigo; yo no tomaba una decisión sin que él me diera una opinión. Cuando muere, hay un quiebre: pasa un tiempo y un día me doy cuenta de que ya no tengo quien me valide nada.

Que voy a comprar un carro viejo.
 

Y que lo hago porque me gusta. Porque me apasiona. Sin más.

Garaje Analógico nació como la excusa.

La excusa perfecta para poder tener un carro especial. Un carro que de otra manera yo no habría podido comprar ni mantener. Si rota, lo puedo tener. Si lo puedo tener, lo manejo, lo mejoro, lo disfruto, y después se va a cumplirle el sueño a alguien más; eso me hace muy feliz y creo que por eso terminó convirtiéndose en el propósito de todo lo que hacemos acá.

 

Hoy no tengo ningún E30 para mí. Pero siempre hay un E30 en el inventario. Van rotando los carros, y yo los disfruto un poco o los disfruto mucho, y siguen.

 

Cuando veo un carro en buen estado, no puedo decirle que no. Siempre me hace sentir un poquito más vivo, porque me moviliza a la vitrina, a cuando mi papá tenía el negocio en la casa, a recordar si algún día tuvimos uno como ese. Me transporta siempre para atrás, hasta ese niño de seis años que se sabía los precios y que soñaba con manejar uno de esos carros, con vivirlo, y algún día también con venderlo. Y hoy lo que quiero es compartirlos con otros que, como yo, nunca crecimos. Solo cambio el tamaño de nuestros juguetes.

WhatsApp Image 2026-09-15 at 10.33.24 (4).jpeg
Siempre hay alguien buscando el carro que alguna vez fue su sueño. Y siempre hay un carro guardado esperando que alguien lo busque. Garaje Analógico existe Para que se encuentren.
GA LOGO.png

Casa de cultura automotriz en circulacion. Encontramos carros que casi nunca están publicados, los cuidamos mientras están acá y los ponemos a rodar con su próximo dueño. Clásicos, antiguos y especiales.

Los carros son la excusa. Lo que nos mueve es la comunidad, revivir la época y la buena música.
#CULTURAAUTOMOTRIZCIRCULAR
  • TikTok
  • Instagram
  • Facebook
  • Youtube
Únase a la comunidad.
bottom of page