A 0,085 segundos de la gloria: la batalla del Pitufo en San Diego
Actualizado: 7 sept
Siempre llegar la mañana de carrera al autódromo es todo un ritual. Dormir mal, lleno de ansiedad la noche anterior, no impide levantarse temprano para salir a la cita con los motores y la velocidad.
En este tercer encuentro del año no fue la excepción. Así como uno alista la pinta para salir a una gran fiesta, para mí escoger uno de los carros que tenemos en Garaje Analógico para que me acompañe de ida y regreso también es importante. Esta vez, el escogido fue el 205 GTI para llevarme hasta el autódromo y encontrarme de nuevo con mi BMW E21, el ya conocido “Pitufo”.
El preparador del carro, Felipe Murcia, y todo el equipo de Mecafast ya lo tenían listo para enfrentar dos carreras de 25 minutos cada una, con muchas ganas de que todo saliera bien. En la válida inmediatamente anterior no terminamos ninguna de las dos carreras porque un balancín se rompió y nos dejó por fuera. Esta vez, en una jornada en la que también se corrían las 3 Horas del campeonato CNA, teníamos que salir a por todo.
Llegamos muy temprano. El clima no se veía nada amigable y, durante las prácticas, decidí no salir a buscar terrenos nuevos en el autódromo con alguna “potreriada”. Preferí esperar a que el clima nos ayudara en la clasificación y poder aprovechar esos diez minutos que dan para buscar esa vuelta perfecta.
Llegó la hora esperada y, por estar echando chisme con otros pilotos, no salí apenas dieron pista. Justo cuando iba a hacerlo, cerraron la sesión por un incidente de un carro de San Diego.
Para ese momento, Jorge Cortés, sí, el mismo que usted está pensando, el decano del automovilismo, ya había marcado una muy buena vuelta: un 1:21 bajito.
Y nuevamente llegó el agua.
Diecisiete minutos después nos volvieron a dar pista. Alcancé a dar una vuelta, pero un problema técnico me obligó a entrar a pits. Lo solucionamos rápidamente y salí otra vez, aunque ya me quedé con las ganas de marcar una vuelta realmente rápida.
Terminé clasificando 13.º, muy lejos de Cortés con su E21, conocida como “La Estufa”; del Toyota Supra de la dupla Delgado-Abdu, que salía segundo; y, curiosamente, también muy lejos de José Camilo Forero, quien, tras una mala clasificación, partía décimo con el Corolla Levin, más conocido como “El Kevin”.
El clima seguía sin pintar bien y los nervios empezaban a sentirse cuando la carrera previa, Autos de Calle, salió en pleno aguacero. En la frenada de la primera curva, el famoso Curvón, terminaron varios carros trompeados y accidentados. Los locutores insinuaban que podía haber bandera roja y eso me preocupaba aún más, porque nuestra salida venía justo después.
Muchos en San Diego corremos con llantas semi-slick, el máximo nivel de adherencia permitido por el reglamento, pero bajo la lluvia dejan de ser una ventaja. Por fortuna, pasó la carrera de Autos de Calle… y con ella también pasó la lluvia.
Era el turno de estos carros con más de 35 años de historia para salir a jugar a las carreras. Como ya es costumbre, las tribunas estaban llenas para ver lo que muchos consideran el campeonato más vistoso y bonito del automovilismo local.
Nos acomodamos en nuestros puestos y, con las pulsaciones a mil, apareció la bandera verde. Después de una clasificación tan mala, el objetivo era recuperar posiciones. Salí con tranquilidad. No les voy a mentir: no pensaba estamparme contra los doce carros que tenía adelante sin saber realmente cómo estaba la pista. Tiempo había para recuperar.
A lo lejos veía que La Estufa y La Marrana, como le decimos al Supra de Delgado y Abdu, se escapaban sin mayores problemas.
Mientras tanto, El Kevin, de José Camilo Forero, pasó del décimo al tercer puesto prácticamente por fuera de la pista. Yo logré llegar al Curvón 9 sin afanes, detrás de Mauricio Forero, evitando cualquier enredo.
Después empezó la tarea de alcanzar a los que peleaban la punta de la categoría B. Me tomó unas vueltas llegar y superar a Pulido, Daza y Parra.
Los tiempos seguían lejos de la punta, así que solo quedaba seguir empujando y esperar a que la carrera nos diera alguna oportunidad. Con la pista mejorando vuelta tras vuelta, empecé a notar que la distancia visual se reducía.
Entonces apareció la primera buena noticia: El Kevin entró a pits por problemas mecánicos.
Dos vueltas después ya tenía al frente a Cortés, líder con La Estufa, y a Abdu, pegado con La Marrana, buscando cualquier oportunidad para atacarlo mientras empezaban a encontrar tráfico. Lo que parecía una carrera perdida empezaba a ponerse muy interesante.
El Pitufo marcó su mejor vuelta oficial: 1:20.3. Ya estaba ahí. Pero una cosa es llegar… y otra muy distinta es pasar. Más aún cuando delante hay un Supra tan ancho que apenas deja espacio para mostrar el carro.
Le hice dos intentos por fuera en la recta principal. En ambos parecía tener la posición ganada, pero al final de la recta los frenos empezaban a bloquearse. Mientras tanto, Abdu también buscaba a Cortés una y otra vez.
Faltando dos vueltas, en la frenada del sector de mixtos, Cortés salió largo y terminó haciendo un trompo sobre el pasto.
La Marrana heredó el primer puesto. Y yo tenía una sola vuelta para intentar quitárselo.
Fue una última vuelta espectacular. Llegamos cabeza a cabeza a la recta principal, peleando el primer lugar. Al final, Abdu ganó por apenas 0,085 segundos. Un final emocionante y un triunfo completamente merecido para el Supra.
Yo terminé feliz con ese segundo lugar. Llegamos a pits y, como siempre, nos encontramos entre pilotos para comentar la carrera entre risas, felicitaciones y uno que otro lamento.
Pero todavía quedaba una oportunidad más para volvernos a ver las caras.
La segunda carrera arrancó según el orden de llegada de la primera. Nosotros salíamos desde el segundo cajón. Primero estaba el Supra, esta vez manejado por Delgado; tercero, Cortés y, al fondo de la grilla, José Camilo Forero con El Kevin, claramente con sangre en el ojo.
Y así fue.
Apenas cayó la bandera verde, saliendo del Curvón ya estaba detrás de mí. En la frenada, entrando a los mixtos, me buscó por fuera, pasó y me dejó mal acomodado para la recta. En la recta principal también superó a Cortés.
En cuestión de una vuelta, yo había pasado de segundo a cuarto.
Aquí sí no aplicó eso de que el alumno supera al maestro. La experiencia de estos dos profesionales pesa muchísimo. Durante diez minutos giramos los cuatro carros en un verdadero tren, todos rodando en tiempos de 1:20.
Hasta que llegó el momento que cambió todo...
Después de varias bloqueadas, al final de la recta, en la vuelta ocho, los frenos del Pitufo simplemente dejaron de funcionar.
Casi termino llevándome una estufa para la casa del susto.
Pasé realmente muy cerca del E21 de Cortés. Afortunadamente, no pasó nada.
Pero en ese instante también entendí que la ilusión del tercer campeonato consecutivo del Pitufo prácticamente se había esfumado.
Eso sí… las ganas de no dejársela fácil a los amigos de la categoría A siguen más vivas que nunca.
Steve Tellez.
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